Ciudadanos encuerados

July 21, 2008

Héctor Camero Treviño

I always feel like somebody’s watching me
Who’s playing tricks on me (…)
and I don’t feel safe anymore”

Michael Jackson & Rockwell

La reciente efervecencia por todo lo relevante a la Seguridad Nacional ha sido objeto de un enfrascado debate en el que los más grandes perdedores, de la politiquería, la mala función y la discusión estéril, son los ciudadanos.

Un capítulo más del estratagema rumbo a las elecciones del año 2012 comenzó cuando el Senador del PRI, Manlio Fabio Beltrones informó haber sido objeto de espionaje, al enterarse de documentos “basura” que alguien dejó en su escritorio, en el que aparecen registros de llamadas telefónicas, contraseñas de acceso a correos electrónicos y “datos personales”.

Quien está en la mira es el Centro de Investigación en Seguridad Nacional (CISEN), que usualmente aparece en escena cuando se suscitan escándalos políticos referentes a videos, pero particularmente a llamadas telefónicas.

Declaraciones van y vienen en el sentido meramente político, de tal suerte que el experimentado político sonorense aprovechó su momentum en el estrado mediático para opacar la información difundida por el expresidente del PAN, Manuel Espino, en su libro guardado astútamente en su sotana, titulado Señal de Alerta en el que precisamente advierte al presidente Felipe Calderón sobre los riesgos de codearse y negociar gran parte de su capital con Beltrones.

Tan seguro como el New’s Divine

A medida que se disipa la nota, ya son más frecuentes los análisis  en torno a lo que se considera un movimiento meramente político de Beltrones basados en objetivos oscuros (al menos por ocultos, no sabemos aún si por malditos).

Lo que sí es un hecho es que la movida del sonorense promovió declaraciones desafortunadas e inmovilidades poco permisibles para quienes tienen en las manos el rumbo del País.

En primera instancia el director del CISEN, Guillermo Valdés Castellanos, causó enojo en el Congreso de la Unión cuando declaró al diario extranjero Financial Times que existía el riesgo de que el narcotráfico se involucrara en campañas electorales de legisladores.

Revelar un asunto de interés nacional a un medio extranjero cuando se discute la pertinencia de un Plan de Seguridad con Estados Unidos, como lo es el Mérida, cuando se acerca el periodo electoral, cuando el gobierno federal busca acuerdos con la oposición parlamentaria para aprobar la reforma energética, y, particularmente, cuando la integridad misma del CISEN es cuestionada por introducirse en la vida de los legisladores, son todos ellos motivos suficientes para fortalecer la petición de renuncia que los mismos congresistas hicieron al gobierno federal hace unos días.

Mientras tanto, el secretario de Gobernación, Camilo Mouriño, no sabe donde esconder su cabeza, pues sus actuaciones distan mucho de ser oportunas  y, por el contrario, siguen manifestando la pobre vocación para ocupar tal cargo. “Desconocemos de donde proviene esa información” fue más o menos lo expresado en referencia tanto al espionaje como a la documentación obtenida por El Universal en torno a un contrato existente por un millón de pesos entre el CISEN y la empresa Consultores en Diseño de Estrategias Político-Legislativas.

Calderón Hinojosa sigue en la misma línea desatendiendo dicho tema, permitiendo que opiniones se viertan aquí y allá, apostando como ha sido costumbre, a la inmovilidad como método de gobernar (dejar de gobernar). Guardar silencio, dejar que el tema se disipe, promover su propia agenda en los medios, hacer ver las denuncias ciudadanas como algo que van más dirigidas a la Virgen de Guadalupe que hacia él, y gracias a sus encuestólogos, seguir en “la preferencia de los mexicanos”.

Celebrando con botellas de coñac

Independientemente de que Manlio Fabio se salga con la suya, ya sea boicoteando la reforma, o ayudando a su aprobación con las peticiones que hiciera, o mostrando poderío al lograr la renuncia del director del CISEN, lo cierto es que el tema de la Seguridad Nacional deja abiertas más interrogantes.

El uso político de la seguridad nacional no debe ser menospreciado. Gracias a sus trabajos se han dado a la luz las conversaciones del empresario Kamel Nacif, acusado de pederastia, con el gobernador de Puebla, Mario Marín, desembocando en un escándalo que se resolvió también políticamente. Los videos y conversaciones que se difundieron sobre los perredistas René Bejarano (El señor de las Ligas), Gustavo Iruegas (Apostando en Las Vegas) o del ex candidato al gobierno de Oaxaca, Gabino Cué durante el 2004 detonaron el interés por estas oficinas que, se pronosticaba, cumplen una finalidad más política que de seguridad.

¿Pueden sentirse bien los mexicanos cuando millones de pesos se destinan en una tarea poco relevante en la vida diaria como lo es revisar el ingreso de iraníes, guatemaltecos, además de submarinos u otros transportes para llevar droga a los cocainómanos del otro lado del río? En el caso de los entusiasmados por estar protegidos del narcotráfico, ¿pueden ellos tener confianza en alguien que habla de la seguridad nacional a periodistas cual si se tratara de un tema en plática de borrachos?  ¿Se puede confiar en quienes como legisladores se supone velan por nuestro bienestar, pero que por fines personales exhiben a todo el mundo la fragilidad una dependencia que falla en lo combativo como en lo político  y que además puede ahora poner en jaque a cualquiera que se quiera introducir en la vida activista?

En todos lados se cuecen habas

Para fortuna nuestra, es más frecuente encontrar cada día más ejemplos de ciudadanos que son peor gobernados que nosotros, de tal suerte que sí, las víctimas del espionaje no se remiten a nuestra extensión territorial.

La semana pasada, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera, que oficiamente sienta las bases para protejer el espionaje doméstico sin la autorización de un juez y que desde hace años ha manejado el maniático de George W. Bush.

Para la prensa estadounidense, dicha aprobación no es tan sorpresiva en vista de los numerosos esfuerzos del gobierno por defender a las empresas telefónicas que se contrataron en los últimos años para hacer tareas de intervención e intercambio de información para favorecer el autoritarismo de dicho gobierno.

La impunidad de dichas empresas y del gobierno, que bajo el argumento de terrorismo blinda a dichas empresas ante cualquier juez, son los valuartes con el cual se terminará de coartar la libertad de enviar y recibir correos, hacer o recibir llamadas de cualquier lado, reafirmando, para fortalecer una lucha que no ha ayudado a nadie más que a las petroleras y al gobierno estadounidense, como es la lucha contra el terrorismo.

En Venezuela una importante oposición, aunque no más fuerte que en otras ocasiones, se plantó contra el decreto lanzado hace unos días por el presidente Hugo Chávez en el que se sanciona a los nacionales que no cooperen como informantes de las agencias de inteligencia.

Grupos de derechos humanos consideran un instrumento ilegal que busca aplastar a la cada vez más amolada oposición política en dicho país. En este esquema, los venezolanos pueden enfrentar cuatro años de cárcel por su negativa a participar, además de que el cuerpo de inteligencia tiene capacidad puede grabar llamadas telefónicas sin necesidad de la orden de un juez, además de poder retener pruebas pedidas por abogados defensores si la gente de Chávez considera que se busca proteger la seguridad nacional.

“Te pareces tanto a mí” parece cantarle Chávez con su terrible timbre al oído de su acérrimo enemigo, Bush, cuando de “inteligencia y seguridad” se refiere.

“Siempre siento que alguien me está mirando”

Los ciudadanos de diversas partes del mundo no solo tienen que lidiar con sus respectivas cargas unipersonales, como lo es contar con un seguro médico, un trabajo digno y con ello buscar una vida menos infeliz, sino que a ello hay que añadirle la pérdida de ese reducido espacio, compuesto por la plática con un viejo amigo, la confesión de indiscreciones a la vecina chismosa, y todo aquello de nuestros diálogos que puedan ubicar nuestros gobernantes en un contexto político (aunque  el activismo a los mexicanos nos sea tan familiar como Zimbabwe).

 Sea o no político nuestro diálogo, el hecho de estar concientes del probable espionaje nos vuelve vulnerables y por lo tanto inseguros en nuestro propio sino, el pequeño cuarto de 2 por 2 metros que el postmodernismo nos ha dejado.

2 Responses to “Ciudadanos encuerados”


  1. Ayyyyyyyyyyyyy Camero como el espionaje que nos hacen en gobierno cuando graban las entrevistas!!!

    :P

    Jajaja…

    Oye, muy buenas las letritas, fíjese yo en la vida me hubiese puesto a pensar, y eso que lo tengo bien consciente, que además de utilizar la lana de todos para simples caprichosos personales, además lo hacen con el pretexto de protegernos, protegiéndose a cualquier costo.

    Me gusta mucho aprender de astéeeeee…

    Cuídese un abrazo :D


  2. Ahhhhhhhh

    Además eres la mamaaaaaaadaaaaaaa weeeeee en eso de poner títulos. :P

    ¿Será que ya no existe un rinconcito en donde nadie te vea?

    Ya valió…. :P


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