Villa en Monterrey
July 21, 2008
Gustavo Mendoza Lemus
Yo soy soldado de Pancho Villa,
de sus Dorados soy el más fiel,
nada me importa perder la vida,
si es cosa de hombres morir por élCorrido popular
Una multitud esperaba, ansiosa, la llegada del general. Más de cien gentes afuera de la estación Unión –que se ubicaba en el cruce de las actuales Pino Suárez y Colón, a que llegara el tan temido y mítico Francisco ‘Pancho’ Villa.
Un 13 de marzo de 1915 llegó a la ciudad de Monterrey el Centauro del Norte, causando un gran alboroto en la pequeña sociedad regiomontana, puesto que algunos lo consideraban como “el salvaje y cruel” revolucionario, mientras que otros lo consideraban el héroe que los ayudaría a salir de su pobreza.
Este 20 de julio se cumplen 85 años del artero asesinato del General Francisco Villa en la ciudad de Parral, Chihuahua, cuando fue emboscado justo al dirigirse a una fiesta.
Los pocos testimonios que sobreviven de esa época narran dos hechos históricos que enmarcan la presencia de Villa en Monterrey, donde sólo duraría 11 días. Su reunión con administradores y empresarios en el Palacio Federal, así como su alojamiento en el Hotel Ancira, se han convertido en mitos que, con el paso del tiempo, se han ido perdiendo en los recuerdos de generaciones pasadas.
Comenta el historiador y cronista Héctor Treviño Villarreal que la reunión de Villa con administradores y algunos empresarios de la localidad nace a petición de la propia Cámara de Comercio de Monterrey. “Primero mandan a una comisión, y Villa les dice que quiere hablar con todos, no con tres o cuatro, entonces llegan los más importantes empresarios o administradores de la ciudad, porque hay que recordar que muchos se refugiaron en San Antonio o a Laredo en la Revolución”.
En el salón verde del actual Palacio de Gobierno, Villa los recibe por la mañana y les increpa por los altos precios en los que venden las mercancías, poniéndolos fuera del alcance del pueblo. A los presentes les exige un millón de pesos para la causa de la Revolución, cantidad que si no era entregada en un plazo de seis días condenaría a los presentes al fusilamiento.
Según apunta el historiador Óscar Flores, en su libro Monterrey en la Revolución, 1909-1923, son varios los negocios que aceptan la exigencia del revolucionario que, juntos, logran reunir un poco más de 250 mil pesos. Carlos Garza Cantú, presidente de la Cámara de Comercio de 1915, quedó en calidad de rehén hasta que la cantidad no fuera entregada a La División del Norte.
“Algunos historiadores comentan que el dinero se repartió entre el pueblo, otros dicen que se los llevó la propia División del Norte”, opinó el cronista de Sabinas Hidalgo.
Villa en el Ancira
A su llegada a la ciudad, el general Villa escogió al hotel Ancira como su centro de operaciones, donde la mayor parte de su milicia, conformada especialmente por generales y los ‘Dorados’, se hospedó.
Según se dice, el general entró montado en su caballo al hotel más lujoso de la ciudad en aquella época, causando un gran alboroto.
Rosa Helia Villa –escritora y nieta del Centauro del Norte- explicó en su más reciente visita a la ciudad, que su abuelo era una persona respetuosa, que “no gustaba de hacer daños ni escándalos en la propiedad privada, por eso mantenía muy disciplinada a su tropa”.
El arquitecto Juan Casas ofrece datos algunos datos que dan a pensar que el general sí pudo haber entrado al Ancira a caballo, junto a todo su ejército. En su participación a la serie televisiva Historia Secreta de Monterrey, explica: “En aquella época, el patio central del Ancira era descubierto, no estaba techado, y como vemos es muy grande por lo que fácilmente podo haber entrado Villa junto a todo su ejército”. Treviño Villarreal no comparte la idea de que Villa entrara a todo galope al hotel ubicado las actuales calles de Ocampo e Hidalgo. “Villa entró a caballo por el portón lateral del hotel y después entra al patio, no podemos imaginar que entran todos al hotel”, afirma.
Lo único verídico, es que el lujoso hotel se volvió la casa de La División del Norte durante los 11 días que el máximo ‘dorado’ pasó en Monterrey. Posiblemente, de algunas de las habitaciones de este bello edifico, Villa le escribiera a su compañero Emiliano Zapata, donde le explica los últimos aconteceres de La División del Norte. La misiva dice:
Correspondencia Particular del General Francisco Villa. Monterrey, N. L. Marzo 18 de 1915.
Sr. Gral. Emiliano Zapata. Cuernavaca.
Existen algunos mitos curiosos sobre la estancia de Villa en Monterrey, la gran mayoría falsos. Se decía que al General le aborrecían los niños, a quienes golpeaba y estrellaba contra las paredes. Que se robaba a las muchachas bonitas que llegaba a ver por la ahora plaza Zaragoza. Existe otro dicho que, al parecer, es cierto. Resulta que en las cantinas de la calle Zaragoza, donde bebían usualmente los ‘Dorados’ de Villa, nació una cancioncita que era aderezada con versos revolucionarios. Esta canción se llamaba La cucaracha, por lo que se cree que esta popular canción nació en Monterrey durante la estancia de Francisco Villa. Otro dato curioso es la circulación de la moneda “villista” por los comercios de Monterrey, que dejó de circular cuando Venustiano Carranza se afianzó a la presidencia de México
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¡Ay México está de luto,
tiene una gran pesadilla,
pues mataron en Parral,
al valiente Pancho Villa!Corrido popular
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Villa continúa en Monterrey
“El general Villa no se ha ido”, afirma más de un curandero y vendedor por los pasillos del Mercado Juárez, donde por 10 o 20 pesos se puede adquirir casi cualquier cosa que lleve la imagen del Centauro del Norte.
Existen lociones, pomadas, veladoras, oraciones y hasta escapularios, todas ellas con la imagen del General, de quien se dice es milagroso. A la imagen de Villa se le pide específicamente dinero, protección y suerte en el amor, pues es de todos conocido que Francisco Villa era un enamorado empedernido.
Existe un culto muy bien marcado en los estados del norte de México y en el sur de Estados Unidos, donde la creencia en “los favores del General” es ampliamente difundida.
Para pedirle un favor a Villa, explica uno de sus seguidores, se le tiene que ofrecer una oración y colocar frente a una fotografía de él un vasito de tequila. Si el aguardiente es consumido, quiere decir que el General ha escuchado sus peticiones.
En Nuevo León, existe un peculiar culto a uno de los soldados del general Villa. En la localidad de Icamole, existe la capilla “Ánima de anacahuita Roberto Cisneros”, ex soldado militante de La División del Norte.
A este lugar acuden creyentes cada 20 se noviembre, donde se conmemora el alzamiento del movimiento armado de 1910. Según se explica, las ánimas de revolucionarios entran en los cuerpos de ‘cajitas’ o ‘materias’ para “esperar las órdenes del general Villa, puesto que la Revolución no ha terminado.
(Foto de estatua de Villa: Gustavo Mendoza)


