José Juan Zapata Pacheco

Si uno conoce a Rosa Helia Villa no puede dejar de pensar en el enorme parecido físico que tiene con su ilustre abuelo. Ahora las otras batallas de Francisco Villa, las amorosas, son recreadas por su nieta, en una novela entre epígrafes de Jaime Sabines e historias tristes. “Todos los amores de Pancho Villa fueron tristes”, menciona.
Luego de un momento da la impresión de que uno podría pasar toda una tarde platicando con ella. Sin embargo Rosa Villa trae el tiempo contado para las entrevistas. El pasado viernes por la noche presentó la edición en Punto de Lectura de su Itinerario de una pasión. Los amores de mi general Villa en Colegio Civil. Aunque se trata de un texto que ya tiene un buen trecho recorrido.
-¿Por qué abordar la vida sentimental de Villa por medio de una novela, y no usando el ensayo o la investigación?
-Siento que en México tiene más vigencia la novela histórica. La gente se acerca a la historia con más facilidad, con más agrado, a través de una novela histórica, que sentarse a leer México a través de los siglos, por ejemplo. Hace algunos años había un programa español de concursos en el que se preguntó a uno de los concursantes cuántas esposas tuvo el revolucionario mexicano Pancho Villa. Y no recuerdo qué contestó el concursante, pero fue erróneo, y la respuesta correcta, supuestamente, era 75. Y pensé, bueno, ¿de dónde sacan ese número, si lo asesinan a los 45 años, y fue el general de generales, al frente del ejército más grande de la revolución, que tenía que estar pendiente de todo, de las batallas, de la estrategia?, pero era un hombre joven, que claro que le gustaban las muchachas. Hasta donde tengo documentado fueron 18 las mujeres con las que estuvo.
Yo siempre quise conocer la historia de amor de mi abuela, Guadalupe Coss, ya que aún vivían tres hermanas de ella, y me decían ‘No, para qué quieres saber, eso fue muy doloroso’. Hasta que le insisto a mi hermana Guadalupe que le pida a una tía que me cuente la historia, ya que han pasado más de ochenta años.Una noche me llama y me pide que me siente, que va a contarme la historia. Y me la cuenta, una historia muy triste, muy dolorosa. Todas las historias de amor de Villa son tristes. El caso es que me cuenta la historia y ya me andaba porque amaneciera para empezar a escribirla. Fue la primera que escribí de todas las del libro. Escribí esta primera historia, y seguí con las siguientes; tenía notas, apuntes, cuadernos. Yo platiqué mucho con doña Luz Corral, la primera esposa y sin duda el gran amor de Villa. Hablé muchísimo con ella, que publicó un libro que se llama Con Pancho Villa en la intimidad, que es el hilo conductor de mi novela, de modo que fui escribiendo historias y necesariamente tenía que ser narrativa, ficción, a pesar de ser una novela documentada”.
Próximamente en película
Rosa Helia reconoce que los diálogos son ficción, tenían que ser inventados, pero no duda en atribuir una “ayudadita” a sus antepasados.
-”Yo pienso que mi abuela me los dictó, ¿eh? Por aquí debe haber andado su espíritu dictándome cosas. De veras, cuando uno se pone a escribir algo que le toma mucho tiempo luego te preguntas cómo le hiciste. Como que hay un clic en el hemisferio derecho, que dicen que es el que se ocupa de la creatividad, pero hay que ponerla a trabajar. Todos esos diálogos tienen que ser imaginarios, tenía que ser una novela. Y el que fuera una novela me llenó de susto, ¿eh? Yo he sido maestra de literatura y siento más apego a las letras, aunque yo estudié Derecho. Yo había escrito mucho, pero sobre historia regional, y ¿cómo se me ocurría ahora escribir una novela?”
Rosa Helia explica que el libro contiene abundantes epígrafes de Jaime Sabines, ya que se declara gran amante de la poesía. Y fue gracias a él mismo, a quien le escribió una serie de correos antes de su muerte, que las editoriales se interesan por su texto que ahora se presenta.
-”Me llevó de la mano el poeta a la editorial, o mi abuelo, o mi abuela… o los tres juntos”, dice con una sonrisa.
La nieta del general explica además que la novela ya está en puertas de convertirse en película, de la cual ya le han mostrado el guión y llevará el mismo nombre de Itinerario de una pasión, y se estrenaría el 20 de noviembre del 2010, en el centenario de la Revolución Mexicana
-”Ya fue el equipo de producción a visitarme a San Luis Potosí, necesitaban una autorización mía para ir en busca de quien va a poner el dinero. Sentí una emoción muy grande, y claro, les di esa carta y mi bendición y todo… Porque no se ha hecho aún la gran película de Villa, aunque se han filmado muchas; Pedro Armendáriz personificó tres veces a Villa, con una gran dignidad y con esa personalidad apabullante que tenía. Lo han hecho también otros autores, más recientemente Antonio Banderas.
-De cara al centenario que ya está en puerta, ¿cómo debemos evocar o recordar la figura de Villa?
-Se está evocando y recordando porque las presiones populares son muy fuertes, porque a la gente no le importa lo que diga la historia oficial: ya nadie cree en ella. Hay tantos libros y tanto historiador de fuera que sin tener ningún compromiso en México ha escrito cosas muy serias. Ya la historia oficial nadie se la cree, a nadie le importa, entonces, se van a publicar dos libros que están ya en prensa. Uno es Villa en el imaginario colectivo, que preparamos mi hermana y yo. Tengo una ilusión por ver ese libro; tenemos en él más de 300 fotos. Los mercados de Monterrey los fotografiamos, donde están vírgenes, santos… y Villa. Y las veladoras con mil fotos de Villa diferentes, también, y todo lo que ocurre, y me ha ocurrido al cabalgar junto a él con esta novela, que es surrealismo total. Se va a publicar ese libro y otro que preparé para Alfaguara infantil, Un hombre llamado Centauro. Pancho Villa para niños, y bueno, los festejos en la tierra de Carranza, en Coahuila, cada 28 de julio, en Sabinas, donde es la fiesta anual del adiós a las armas de Villa. Yo voy cada año, y me encanta ir, porque es en la tierra de Carranza y a Carranza ni quien lo recuerde. Entonces, vamos a ver si vivo lo suficiente para que quiten los nombres de las calles y se bajen las estatuitas (de Carranza), porque me gusta contar, y en la novela lo cuento, cosas que no comenta la historia oficial.
