A ritmo de son…

September 22, 2008

Pablo P

Son tristemente abundantes las noticias de cómo, con desdén, dejamos atrás la herencia de nuestros antepasados, la historia, única riqueza auténtica de los pueblos, para dar paso a la extinción masiva de tradiciones y con ellas de identidades en este mundo globalizado. Hace no mucho J. Zapata escribía en este mismo espacio sobre la riquísima herencia de la canción cardenche, “El blues lagunero” como nos gusta llamarlo a los que sabemos que con un buen sotol en la mano la frase “Ya me voy a morir a los desiertos” se antoja cada día más, especialmente con la situación de la política nacional.

Aún así, de alguna manera hay tradiciones que se salvan de la extinción, y lo interesante es que se salvan justamente extendiéndose afuera de sus confines geográficos naturales. El son jarocho es claro ejemplo, ya que de estar al borde del olvido ahora se encuentra en plena salud y  sumando día con día “jaraneros” a sus filas.

Al son jarocho le sucedió algo quizá peor que morir en el olvido; se hizo famoso, particularmente en los años cuarenta gracias al cine mexicano y a la difusión que se le dio durante la campaña y el sexenio de Miguel Alemán, originario del estado de Veracruz, que hizo particularmente de “La bamba” su himno personal.

Es por esto que el genero tradicional  sufrió de modificaciones que lo comercializaron haciéndolo más vistoso a los ojos del espectador común. Así se pasó del son jarocho pausado, orientado a ser disfrutado por el participante, a una exhibición de virtuosismos instrumentales y dancísticos diseñada para impresionar a quien desconociese el género. Esto es conocido entre los jaraneros como son de marisquería, aludiendo a los pequeños grupos vestidos con la arquetípica indumentaria blanca del jarocho que se pueden ver en las marisquerías del puerto de Veracruz, divirtiendo a los turistas. Un son que está condenado a ser tocado siempre igual, bailado para que otros lo disfruten.

Durante muchos años el son jarocho fue considerado éste, el de marisqueria, mientras en los ranchos se perdía poco a poco la tradición del fandango, la fiesta del son que se organiza no por impresionar a nadie, sino para disfrutar de la música y el baile, porque es esta una de las particularidades del son: está  hecho para ser disfrutado por quienes participan de el, claro que en el fandango todos participan ya sea en la música, el canto (“la versada”) o el baile, que a su vez es parte fundamental de la música al proveer de percusión a través del zapateado.

Y justamente el fandango es una de las razones por las cuales el son goza de salud en la actualidad, después del rescate que se dió en los setentas de la mano de folkloristas y etnomusicólogos, ellos mismos transformados en jaraneros que viajaban por Sotavento o la sierra de los Tuxtlas para contactar a los viejos soneros y rescatar las tradiciones. Asímismo se inició el encuentro de jaraneros en Tlacotalpan, Veracruz, que en un principio fue pensado como concurso, pero se estableció como encuentro no competitivo al ver que no se podía calificar con un mismo rasero a tantas variantes del son.

Actualmente se reconocen los siguientes tipos de son jarocho:

1. Son indígena. Cantando en lenguas como el náhuatl y el popoluca el son indígena ha sido revalorizado desde dentro y desde afuera y se ha aprendido a entender su cadencia mucho más pausada que sus contrapartes mestizas.

2. Ejecutantes del son tradicional que motivados por el movimiento se han sumado a él, pero sin variar en lo básico su manera de ejecución. (Los Utrera, El Pájaro Carpintero)

3. Representantes del camino marcado por las modificaciones de Andrés Huesca y Lino Chávez al son jarocho en los años cuarenta, que han sabido mantener un cierto grado de originalidad. (Grupo Tlen Huicani, El Siquisirí)

4. Los integrantes del movimiento jaranero propiamente dicho, partipantes permanentes en los encuentros de jaraneros, artistas creativos y, al mismo tiempo, promotores del son jarocho. Además, y esto es quizá lo más importante, han trabajado la composición de sones nuevos convencidos de que la única manera de mantener la tradición es renovándola. (Grupo Quemayama, Despierta patria)

5. Experimentos y fusiones. Uno de los resultados previsibles de un movimiento como el jaranero, era la posibilidad de experimentar y realizar fusiones con géneros tanto cercanos como lejanos musicalmente hablando.

Lo más extraordinario es que se encuentra uno con jóvenes jaraneros lo mismo en Oaxaca que en San Diego, California, muy lejos de las zonas sotaventina y tuxtleña donde el son tiene su raíz. Y es que son los jóvenes los que abrazan al son y al movimiento jaranero con mayor pasión. Por razones de muy elegante simpleza, el fandango es una fiesta óptima para embriagarse, divertirse y coquetear hasta la madrugada. Aparte es relativamente sencillo aprender a tocar una jarana, hacer un verso o zapatear con cierta eficiencia. Como todo, no es lo mismo hacerlo que hacerlo bien.

Para muchos acercarse al son es la manera más sencilla de tocar música, pues una tradición de músicos líricos respalda el aprender tocando y no tocando solo en casa. ¡Tocando en un fandango rodeado de otros músicos! No importa que apenas te sepas tres notas y un rasgueo, ¡Con eso te puedes amanecer! Siempre y cuando pongas atención a lo que hacen los demás, que es como se aprende de verdad.

Esas herramientas básicas del proceso de expresión musical le permiten a los chavos que se acercan al son expresarse, y como bien dicen los viejos soneros: “antes los sones hablaban del campo, las labores y el amor; ahora hablan de las cosas que les pasan a los jóvenes”. Y así se encuentra uno con los chavos del grupo Tapacamino que desde Oaxaca cantan “El son de la barricada” apoyando a los movimientos populares que se opusieron a la represión del gobernador priista Ulises Ruiz mientras que, en Tijuana, Son del Centro canta en el son “La caña” un verso que dice:

Amigo si te has perdido
cruzando por la frontera
siembre valor con tus pasos
pa cruzar cuando yo quiera

Del mismo modo que El Godo, laudero y jaranero emigrado desde Veracruz hasta Baja California, toca un fandanguito dedicado a “El Lupón”, arquetípico pollero transformado en santo (“Guardian de los caminos, Señor de las fronteras”  dice en su altar junto a la garita vieja), al que le canta:

“Por que el de arriba es mi compa”
así lo decía el Lupón
“No le hace que leyes rompa,
si es muy justa la razón”
Pueblos desapareciendo
la gente joven se va…
Lupón si me estas oyendo
CRÚZALOS CON DIGNIDAD

En todo México se encuentran jóvenes que con la jarana al hombro y voces destempladas van aprendiendo a decir sus cosas, lo que viven día con día y lo que les preocupa. No todos llegan a ser como Los Cojolites, que han compartido escenario con Lila Downs o Zach de la Rocha de Rage Against the Machine. Pero a cada uno de ellos el son le está haciendo la vida un poquito mejor.

Y el son sigue vivo, transformándose con cada nueva palabra que una muchacha le pone a un verso para agradarle al jaranero de su corazón, dando brincos de alegría con los versos pícaros y manteniéndose, como la admiración con la que los jóvenes le abren paso a los músicos viejos como Esteban Utrera o Don Higinio Tadeo para que tomen su lugar en el corazón del fandango, esa admiración con la que las jóvenes gargantas citadinas tratan de imitar la cadencia de esos viejos campesinos al cantar, porque se dan cuenta de la poesía que en esas voces cabe no la enseñan en las escuelas urbanas.

(Foto: Pablo P)

One Response to “A ritmo de son…”


  1. Hola, hace mucho tiempo estoy buscando la letra de “La Caña”. Si la tienes disponible, me gustaría que la puedas publicar ya que llevo mucho tiempo buscándola.

    De antemano, muchas gracias.


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