_tono

Guillermo Jaramillo Torres

Cuando era un niño, Toño disfrutaba la vida como cualquier infante hasta el día en que conoció los factores reales del poder, la injusticia enfundada en uniformes policíacos desalojándolo a él junto con su familia de su domicilio ubicado en San Nicolás. Apenas se había acostumbrado al nuevo hogar, cuando de nueva cuenta irrumpió la autoridad en su hogar cometiendo un segundo desalojo por medio de la fuerza.

Los golpes de aquellos policías ahora era comprendidos por Toño, quien contaba con trece años de edad la segunda ocasión: la policía había sido creada para el cuidado de la comunidad, pero en esta ocasión estaban lesionando, con justa razón o no, el seno de una familia. En ese momento José Antonio Sánchez Ortega decidió estudiar derecho, aunque este sueño no se cumpliría inmediatamente, pero los discursos que escuchaba en la Liga Femenil de Ejidatarios lo irían conduciendo por los caminos de la justicia.

“Yo tendría unos cinco o seis años y vivía en San Nicolás en la calle Bustamante; y recuerdo que llegaron ahí unos policías y nos sacaron a punta de golpes de la casa y nos pusieron los muebles en la calle. De ahí nos llevó mi padre a vivir con mis medios hermanos en San Nicolás mismo”.

“No sabía yo, por mi corta edad, a qué se debía esta situación; ya como a los 13 años sufrí de nueva cuenta un desalojo y fue cuando me puse a pensar en que la policía estaba para cuidarnos, no para maltratarnos.
En ese entonces mi mamá era parte de los ejidatarios de la Liga Femenil que había en ese entonces; ahí iba yo a los discursos y me empezó a gustar el derecho”, indicó Sánchez Ortega.

Como todo adolescente, Toño era asaltado por un sin fin de sueños; sueños de libertad, de justicia, en los cuales se reponía de los golpes de la vida y avanzaba con brío hacia las altas esferas de la realización humana. Entre estos sueños se encontraba el viajar en avión, convivir con el presidente de la República, ser un orador ante un gran público y liderear a un grupo de desamparados: pronto la fantasía se iría fundiendo con la realidad, eso sí, nunca sin un gran esfuerzo de por medio como relata a continuación.

“En la labor se me vino a la mente un sueño: volar en un avión, comer con el presidente de la República, dar un discurso en público y ser líder en una colonia. Entonces empecé a seguir mi sueño; me metí de pandillero e hice una colonia y le di solar como a 500 gentes, con eso fui líder; volar en un avión, pues me metí a trabajar en la compañía de Seguros Monterrey y fui campeón vendedor de ahí cuando tenía 20 y me gané un premio y comencé a pasear en avión; hubo una convocatoria para ver quién representaba a Nuevo León cuando andaba el presidente Salinas de Gortari, teníamos nosotros una dedocracia y la elegida era una mujer pero la gente no la quiso, así es que me fui yo de emergente. Fui a representar al municipio y me prepararon un discurso los del Estado Mayor Presidencial y hablé en público para el presidente. Mis sueños se iban cumpliendo”, apuntó.

Aunque desde tiempo atrás, la idea de estudiar derecho había rondado la mente de Toño, pronto aparecería un suceso en su vida que lo llevaría a entender más la vida judicial; una tragedia ocurrida a su familia lo llevó a conocer las mafias contra las cuales la sociedad tenía que luchar, mafias invisibles pero muy dañinas, las cuales tendrían que ser combatidas por los abogados.

“Después acusaron a mi hermano de homicidio, y es cuando empiezo a ver el asunto con los abogados y me empiezo a inmiscuir conociendo las mafias que hay en los juzgados, en la policía judicial y fue cuando decidí en serio ser abogado, pero no lo pude hacer por cuestiones económicas.

Tenía yo 35 años de edad cuando comienzo a estudiar, porque no había estudiado. Me metí a la preparatoria en la noche y la terminé casado y con tres hijos. Salí de 45 años en la facultad”, señaló.

Recién egresado de la facultad, Toño comenzó a defender a unos posesionarios de las vías del ferrocarril que fueron privatizadas por empresarios, lo cual lo llevó a ser encarcelado y violentado de sus garantías individuales.

“Todos los rieles del ferrocarril y cien metros para un lado y el otro eran propiedad de la nación; se privatiza ferrocarriles nacionales y se privatiza nada mas el riel y quedan los cien metros de cada lado y yo represento a unas personas que están agarrando los cien metros en posesión rial. Defendiéndolos me armaron una averiguación y me metieron al penal”.

“Hablé con el juez para que me diera una entrevista con los primos de Fernando Canales. Ahí hablé con ellos y les señalé que si no me sacaban del penal iba a dar una rueda de prensa en donde mostraría evidencias de que se estaban robando los terrenos del ferrocarril, a lo cual todos decidieron darme la libertad”, indicó.

Al final, este pandemonium le sirvió para dejar de tener miedo a la cárcel, aunque no se sentía orgulloso de esto.

Así mismo señaló que no necesitó abogado en ese proceso, ya que él mismo realizaba sus escritos. Aun y cuando ganó un amparo lo escondieron y lo dejaron incomunicado en el penal.

“Una cosa es la ley y otra son los factores reales del poder, que son la cultura, el dinero; todos somos iguales ante la ley pero los factores reales del poder cambian a las personas, marcan las diferencias. Con astucia, con conocimiento hay que hacer que se respete la ley. Es muy fácil hacer leyes, pero no que se respete el derecho, o que se aplique”.

Indicó que cuando la ley se aleja de estar encaminada al beneficio de la sociedad, el abogado debe dejar de seguirla y buscar ahora el camino de la justicia, ya que no es lo mismo lo legal y lo justo.

“Yo tengo una filosofía: hay que seguir el derecho en cuanto este sirva para el bien o la sociedad, pero cuando el derecho se aparta del bien de la sociedad hay que abandonar el derecho y seguir la justicia. No es lo mismo lo legal y lo justo.

En la escuela de derecho me preguntaban mis compañeros que para qué estaba estudiando; yo respondía que para aplicar el derecho y ellos me decían que estaban ahí para ganar lana sobre lo que fuera. Eso al final te pervierte. En estos tiempos la carrera está desacreditada, cuando se debería sentir orgulloso ser abogado”, señaló Sánchez Ortega.

En ese entonces trabajaba en la Secretaría del Ayuntamiento de Escobedo, en donde la mayoría lo veía como el “ex presidiario”; ante estas circunstancias señaló que no desistió, al contrario, se armó más de valor para encarar esas situaciones. Al término de la administración pública instaló un despacho en su propia casa.

“Al término de la administración pues no tenía yo trabajo y puse un despacho en mi casa en Escobedo. Lo que no había hecho durante mi periodo de burócrata lo hice después, saqué un carro de agencia, puse un negocio, empecé a ganar buen dinero, tengo ahora un minisuper; todo esto trabajando bien”, apuntó Sánchez Ortega.

Así mismo, motivado por sus intereses sociales, junto a un amigo comenzaron a atender los asuntos del Ejido San Bernabé acerca de los abusos que han sufrido estos ejidatarios con la venta de terrenos.

“Hay una gran deficiencia de vivienda que el Gobierno no ha podido solucionar, entonces como no existen los recursos para solucionar este problema pues el Gobierno permite las invasiones.

Al permitir las invasiones permiten que se hagan ventas indebidas; después de que ya está la invasión y la venta meten a la cárcel a los ejidatarios, siendo que la realidad es que las casas son de ellos pero no saben nada acerca de los reglamentos. Esto es culpa del Gobierno porque no asesora, entonces ellos solucionan los problemas que crearon, a veces para ganar votos”, indicó.

Sánchez Ortega concibe al abogado como un Prometeo que rapta la sabiduría para los hombres, pero con la fuerza de un titán.

“El abogado debe ser un bandido bueno que robe la justicia a los rufianes y la entregue a los necesitados, algo así como un Agapito Treviño, un Pancho Villa. El abogado es el ejecutor de la armonía social, netamente debe ser un individuo social. Es el que castiga y premia. Muchos abogados han perdido el sentido social”, señaló indicando que cada quien debe cubrir sus necesidades vitales, pero no tomar más de eso porque sería avaricia.

Foto: Guillermo Jaramillo

One Response to ““El abogado debe ser un bandido bueno””

  1. Andrea Says:

    Es un ejemplo para cada uno de nosotros…

    En cada una de nuestras carreras…llegamos a tener ideales… asi como sueños…de un mundo mejor.

    Sin embargo, en muchas ocaciones se pierden ya sea que nos veamos arrastrados por el sistema o las circunstancias de nuestra vida…

    Pocos son los que se mantienen FIELES A SUS IDEALES…


Leave a Reply