Nadador por excelencia

August 12, 2009

los_tres

Héctor Camero Treviño

Al culminar la Cumbre de Líderes de América del Norte, terminada el día de hoy en Guadalajara, cuando menos los mexicanos sí llegamos a un mutuo acuerdo: en este país no pasa nada.

Los presidentes de Canadá, Estados Unidos, y el anfitrión, México, se reunieron desde el pasado domingo hasta hace unos minutos en el Instituto Cultural Cabañas, con el fin de dialogar sobre los temas picosos entre los tres países, dejando entrever, aún después de las típicas e inútiles declaraciones finales, que existen particulares roces entre algunos de ellos, no sabemos en qué medida ocurre entre los dos primeros, pero evidentemente sí hubo miradas feas de ambos hacia Felipe Calderón.

Se pudo aprovechar que estuvimos jugando en cancha local, donde más que justificado estaba el que se trataran temas de nuestro país, y así Calderón aprovechara para agandallar la mesa e interponer las cuestiones que nos interesan. Pero las cosas se le revirtieron tan pronto que, apenas culminada la cumbre, no sabe por dónde se le pelaron Harper y Obama.

Lo anterior se debe a que los dos atajaron inteligentemente los asuntos más espinosos que, se supone -por vigencia y trascendencia-, ameritaban una explicación y una respuesta concreta. En el caso de Harper, la decisión (aún desconocemos si súbita o planeada con gran anticipación) de solicitar visa a los nacionales que querían respirar los gélidos vientos canadienses este semestre. En el caso de Obama, el tema de siempre: una legislación justa sobre los paisas que se ganan la vida en terreno estadounidense.

“¿Varita mágica? ¡Ni que fuera Chiapas!”

Antes de bajarse del avión, Harper se lavó las manos: “Es importante entender que la imposición de las visas se debe al aumento radical que hemos visto en el número de refugiados. (…) En ausencia de un cambio legislativo es muy difícil que nuestros gobiernos controlen esto sin la imposición de una visa”. Obama, ni se diga, a pregunta expresa dijo que por el momento no quiere ver nada de eso en su país, que no cuenta con una “varita mágica” para que se actúe cuanto antes sobre ello (lo que nadie le dijo es que ya tenemos al menos diez años esperando algo concreto, no 15 minutos…bueno, al menos Obama no respondió “¿Y yo porqué?”).

Lo que nos queda por ver como espectadores, minutos después de empezar el encuentro, es a un presidente desarmado ante dos rivales que sabían a lo que venían cuando se les preguntó si querían visitar México en planes no turísticos. Por desgracia, hubo mucho tiempo de sobra, y ahí fue donde Obama seguro se ensañó contra Calderón por el tema del narcotráfico.

Lo lastimoso de todo este asunto es que, aunque no pareciera, Calderón tuvo la oportunidad de reivindicarse frente a los otros mandatarios. Con el sentimiento exacerbado de miles de ciudadanos clasemedieros ávidos de ir a Canadá, centenares de miles de campesinos y obreros listos para “brincar el charco”, y con un Obama en desventaja, que se las está viendo difícil para mantener su popularidad ante la gente (en número posterior abordaré el por qué), parecía que Calderón podía sacarse algo de la manga, algo mejor que otra de las simulaciones a las que nos tiene acostumbrados, como el “atentado” del cual pudo ser víctima, pero del cual ni el propio victimario sabía nada (telépatas en vez de AFI’s y Federales, ¿suena bien, no?). 

Al menos un derecho se respeta: el de retar

Después del tan cacareado evento, nos encontramos con una rueda de prensa en la que Calderón tuvo que responder a un tema que tanto medios de fuera como locales traían entre ojos, y todo ello derivado de una polémica originada hace unas semanas en el periódico Washington Post, después de que la carta de un lector le recriminara a México el trato déspota hacia civiles, principalmente violaciones a los derechos humanos.

En esa ocasión, Arturo Sarukhán, representante mexicano en Washington, entró inmediatamente al quite y, réplica mediante, explicó lo que Calderón más o menos repitió hoy: “tenemos como una condición inquebrantable la protección de los derechos humanos de todos, de las víctimas y de los propios criminales”.

 De esta suerte, el asunto de los derechos humanos en el accionar del ejército se convirtió en el tema vigente durante las últimas horas. Obama y Harper también opinaron de ello, dejando en segundo término lo que a uno le hubiera interesado obtener en los temas antes citados.

Las cenizas del tema de las violaciones fueron reanimadas además por la reciente incursión de policías federales en una misa para una quinceañera, celebrada en Apatzingán, Michoacán, donde, cual buenos cristianos, los presuntos implicados en la delincuencia organizada, ahora arraigados, pensaban dejar propinas onerosas (aún no sabemos si ese fue el verdadero enojo del Episcopado Mexicano).

La decepción no termina ahí; además del insípido atentado que ocurrió o pudo ocurrir, y los lugares comunes en las declaraciones finales, Calderón lanzó uno más de los “retos” que se ha acostumbrado a lanzar últimamente, como el de ahora, de provocar a quienes “tienen alguna prueba de abuso a los derechos humanos” a presentarla ante las autoridades competentes, como si eso fuera garantía de un proceso legal y transparente.

La nada es un buen principio

Lo peor, y más importante aún, es  que de nueva cuenta México pierde una oportunidad de ser un activo importante en el manejo de la agenda política al interior de America del Norte. No sabemos si con “honestidad valiente” o con un dejo de sarcasmo sutil, el embajador gringo en México, Carlos Pascual dijo que “México tiene todo para ser líder en la región”. Ojalá se haya referido a la Concacaf.

Y lo anterior lo digo, más que nada, porque el escenario se presta más a modo para ello, luego de ocho años en los que bien se pudo excusar una interacción atrofiada, al tener a George War Bush como presidente vecino. Con el otro vecino no parece haber inconveniente,  al ser un gobierno que parece estar siempre abierto al diálogo con quien sea. No hay un historial frecuente de choques entre el más norteño de nuestros vecinos, Al menos desde que Vicente Fox no pudo presentar una tarjeta de presentación tan deslucida como presentarse ante el entonces Primer Ministro, Jean Chrétien, llamándole “Jane”.

Pero bueno, en lo personal, no quiero ser esos pesimistas que pregonan la destrucción del país y quieren verlo hundirse con la peor caída de PIB en Latinoamérica (corrección: ya no se trata de que lo desee o no, la CEPAL ya pronosticó que la de México será la peor caída en el 2009). Sin embargo, debemos aceptarlo: el panorama se ve algo difícil para el presidente: ya faltan pocos días para que el PRI entre a gobernar San Lázaro, menos días aún para que su compadre, el cuestionado “a priori” César Nava empiece a ejercer el panismo…y menos aún para empezar a decir que el país se empieza a salir de las manos…

Uno de los cartones políticos que más han perdurado en mi memoria es de “El País del Nunca Jabaz”, del mismo Jabaz, en el que, a pesar del usual fracaso olímpico, en este caso de los juegos olímpicos de Beijing, el autor, cual neo-optimista calderoniano, se congratula de contar en nuestro país, con un nadador por excelencia: Feliphelps, quien NADA de reformas, NADA de crecimiento, y NADA de NADA.

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