Una noche en Brasil con Arturo Gatti
August 19, 2009

Guillermo Jaramillo Torres
A mí me gusta mucho el box, soy así de simple, y me gusta porque es muy complicado, aunque la gente cree saber que quien pega más duro gana. Se parece a la vida: vete girando, bailando sobre el ring si en verdad no sientes la capacidad de impactar profundo sin caerte y lastimarte; pero si te sabes poderoso y el momento lo indica, o si eres torpe y estás completamente vivo, arremetes con todo frente al adversario. Al final, es casi seguro que el combate termine en KO, y de no ser así, los que confían haya un mundo para ellos en los cielos esperan que San Pedro les otorgue suficientes puntos para alzarse con esa victoria que no comprenderán en varias décadas.
Y así fue como el muchachito ese, Arturo Gatti, el de apellido de mafioso italiano o mediapunta argentino dejó de hacer sombra, de atestar cruzados al costal y hacer sonar la pera. Arturo Gatti está muerto: suicidio.
Al menos eso nos dijeron las autoridades de Brasil. Dicen que boxeador dos veces campeón del mundo sujetó una correa de una cartera a su cuello y se dejó caer desde un banquito aquella madrugada seguramente cálida en Porto de Galinhas. Arturo Gatti amaneció muerto, pero yo creo que lo estaba desde hace tiempo, porque el muchachito se lazó el cuello y se dejó caer, más duro que sobre Mickey Ward y esta vez sin público que lo asistiera. La noche debió ser calurosa, dicen las autoridades que Gatti bebió durante toda ella siete latas de cerveza y dos botellas de vino durante la cena y una fiesta en un bar. ¿Es triste la muerte?
Amanda, su esposa de 23 años de edad, lo encontró tumbado en el suelo a las seis de la mañana cuando bajó a preparar un poco de leche para el bebé de ambos. Amanda Rodrigues creyó que Gatti dormía ebrio. Amanda Rodrigues abre la puerta, baja las escaleras de esa casita playera que alquila con su esposo para pasar una segunda luna de miel y hacer que el aceite combustible de la hoguera del amor encienda para siempre como en cuentos de hadas. Amanda Rodrigues, la misma muchacha mamá que fuera lanzada por los aires horas antes en en el camino por su esposo, el dos veces campeón del mundo, Arturo Gatti, y la gente tuvo que lanzarle de todo hasta una bicicleta el pugil para que la dejara en paz. Amanda Rodrigues baja las escaleras y ve a Arturo tumbado. Luego, a las nueve de la mañana, el sol debe alumbrar como una gran bola de luces el segundo piso. Amanda ve a Arturo, está muerto, llama a la policía y la encarcelan como presunta homicida: la vida es un ring de boxeo, KO KO KO.
Hoy Amanda ha sido liberada, las autoridades llegaron a la conclusión de que el Señor Gatti cometió suicidio. El matrimonio es cosa de valientes, el box es un deporte de contacto. Arturo Gatti tenía poco ¿tenía poco y por eso perdió mucho?, y no hablo de sus 40 victorias sobre 9 descalabros y ojos cortados, sino que uno no sabe qué tanto tiene aun y cuando lo pierde.
La gente triste ahora pone el sitio de videos más concurridos y escribe en el buscador “Gatti Vs. Ward, Battle of Century”. Quieren recordar a Arturo. otros ponen a Alexis Arguello, otros a Dieguito “Chico” Corrales, otros ponen su propio nombre. Batallas del siglo… Alí – Foreman, Gatti – Ward, Alí – Frazier II, Morales – Barrera, ¿la vida misma? Uno no sabe nada de todo y mucho de algo, pero yo a veces sé algunas cosas, que me gusta el box y el hociconeo.
